El experimento de 388 yuanes de Hengdian: los turistas se convierten en estrellas de cine

En el complejo palaciego de estilo Ming y Qing recreado en Hengdian, una turista de Suzhou llamada Huang Yanfang se puso un traje de la dinastía Qing y esperó su única frase. Media hora después, su cortometraje había terminado. Había pagado 388 yuanes (unos 55 dólares) por la experiencia, un paquete que convierte un decorado inactivo en un escenario personal.
Hengdian, una localidad de la provincia de Zhejiang que se presenta como el Hollywood chino, lleva mucho tiempo siendo la base de producción más activa del país para dramas históricos. Sus palacios, calles y patios están construidos como decorados permanentes y, durante años, los equipos profesionales los reservaban por completo. El 6 de agosto, el complejo informó de que 33 equipos de series cortas verticales y 26 dramas largos horizontales rodaban allí el mismo día. Un año antes, según sus datos, acogía a más de 150 equipos de series cortas al día.
La diferencia entre esas cifras explica el nuevo negocio. La industria china de las series cortas —producciones baratas, rápidas y en formato vertical para el móvil— se disparó en los últimos años y luego se enfrió cuando las plataformas recortaron el gasto y el mercado se llenó de competidores. Los estudios que antes alquilaban todos sus platós ahora tienen escenarios vacíos y vestuarios sin usar. En lugar de dejarlos apagados, Hengdian los vende por horas a quienes quieren ser la estrella en vez de verla.
El paquete de 388 yuanes es deliberadamente modesto. Incluye un vestuario, un decorado, un equipo pequeño y una escena con guion, con el clip final entregado al teléfono del cliente. Se parece más a una atracción de parque temático que a una filmación, pero el ritual importa: la prueba de vestuario, el director gritando «acción», el fin de rodaje. Para una generación criada con vídeos cortos, estar ante la cámara es un placer familiar, y los decorados de Hengdian ofrecen algo que una cámara de móvil no puede: el aspecto de una producción real.
La medida encaja en una tendencia más amplia del sector turístico chino, donde los lugares pintorescos buscan fórmulas para convertir el paseo pasivo en participación. Los turistas quieren cada vez más hacer cosas en lugar de fotografiarlas, y los estudios tienen activos —decorados, atrezo, equipos de iluminación, personal capacitado— caros de mantener y baratos de reutilizar.
Hay límites. Un decorado alquilado sigue siendo un decorado, y un rodaje de 30 minutos no es una producción. Los observadores del sector señalan que la desaceleración de las series cortas ha dejado a muchos pequeños estudios y equipos sin trabajo, y que es poco probable que los ingresos turísticos sustituyan las tarifas que antaño generaba un calendario de producción intenso. La pregunta es si la novedad se mantendrá después de que la primera oleada de visitantes haya publicado sus clips.
Por ahora, el experimento es un ejemplo pequeño y vívido de cómo la capital cinematográfica de China se adapta a un mercado más lento. Los mismos decorados que antaño acogieron a emperadores y concubinas ahora reciben viajes de cumpleaños y excursiones familiares. Que eso se convierta en un negocio duradero —o en un parche temporal mientras la industria espera su próximo auge— dependerá de cuánta gente quiera pagar por oír a un director gritar «acción».