Altman, de OpenAI, esboza tres desenlaces posibles para la carrera de la IA

El consejero delegado de OpenAI, Sam Altman, ha presentado a su propio equipo una breve lista de formas en que podría terminar la carrera mundial por la inteligencia artificial, y ninguna resulta cómoda. Según las informaciones sobre una reunión interna con empleados, describió tres posibles desenlaces: un organismo regulador global con autoridad real sobre los laboratorios de frontera, una consolidación en la que los principales laboratorios se fusionen en uno solo, y un escenario en el que una única empresa logre un avance técnico tan decisivo que podría dejar inservible el hardware de sus competidores.
La tercera opción es la que suena a ciencia ficción. El propio Altman la calificó como un resultado terrible, el tipo de desequilibrio que convertiría una ventaja comercial en un interruptor que podría accionarse contra los rivales. Según su relato, una empresa que tomara suficiente ventaja podría llegar a inutilizar las GPU de las que dependen otros laboratorios, apartándolos de facto de la carrera.
La primera vía, un regulador global, es la más convencional. Imagina gobiernos y laboratorios que acuerdan una autoridad compartida que fije las reglas para los modelos más potentes, del mismo modo que la tecnología nuclear o la seguridad aérea se gobiernan entre países. Es un empeño enorme en cualquier sector, y hoy la IA no cuenta con nada equivalente a un tratado ni a un organismo de inspección.
La segunda vía, la consolidación, ya es medio visible en el mercado. Los laboratorios más grandes absorben cantidades ingentes de capital, capacidad de cómputo y talento, y los actores más pequeños construyen cada vez más sobre sus modelos en lugar de competir de frente. Un mundo con un puñado de laboratorios de frontera, o incluso con uno solo, no es difícil de imaginar a partir de la trayectoria actual, aunque plantearía preguntas obvias sobre precios, acceso y quién fija las reglas.
Lo que hace notables estas declaraciones es su origen. Altman dirige la empresa que más a menudo se señala como favorita, así que su catálogo de desenlaces se lee menos como un pronóstico que como un mapa de los riesgos que sopesa su propia institución. Además, llega en un año en el que la competencia en IA se ha convertido en una cuestión de consejo de administración y de presupuesto para empresas muy alejadas de Silicon Valley, desde bancos hasta fabricantes de automóviles y estudios de cine.
Para los usuarios de a pie, los tres escenarios se traducen en preocupaciones cotidianas distintas. Una carrera regulada podría significar lanzamientos más lentos y más pruebas. Una carrera fusionada podría significar menos opciones y precios más altos. Una carrera en la que el ganador se lo lleva todo podría significar que una sola empresa controle los sistemas más capaces y el hardware en el que funcionan.
Altman no dijo qué resultado espera, y las informaciones no ofrecen ningún calendario. Pero el hecho de que la pregunta se plantee dentro del laboratorio líder, en términos tan directos, dice algo sobre cómo se ve ahora la industria a sí misma: no como un mercado de software de rápido crecimiento, sino como una contienda cuya meta podría redefinir quién tiene poder sobre la propia computación.