La crisis de deuda de Francia lleva al euro a su mínimo en 17 meses

Francia se ha convertido en el inesperado centro de la ansiedad financiera de Europa. La semana pasada, la presión vendedora sobre los bonos del gobierno francés se intensificó y se extendió por todo el continente, empujando el rendimiento de la deuda a 10 años del país cerca del 5 %, un nivel no visto desde 2002. El rendimiento es una medida de lo que un gobierno debe pagar para endeudarse, y el de Francia ha superado ahora los de Grecia e Italia, dos países que alguna vez fueron el símbolo de los problemas de deuda de Europa.
El euro ha sentido la tensión. Durante la sesión europea del lunes, la moneda única cayó brevemente por debajo de 1,12 frente al dólar estadounidense, tocando 1,1161, su punto más débil en 17 meses. El euro también se debilitó bruscamente frente a la libra esterlina, el franco suizo y el yen japonés. Para los europeos de a pie, un euro más débil encarece los bienes importados y los viajes al extranjero, y complica el panorama de la inflación para los responsables de política económica que esperaban que las presiones sobre los precios se estuvieran estabilizando.
En el centro de la preocupación está el presupuesto de Francia. El gobierno intenta sacar adelante un impopular plan presupuestario para 2027, y los inversores se preguntan si el país podrá controlar sus finanzas públicas. Emmanuel Moulin, gobernador del Banco de Francia, advirtió que, sin una consolidación fiscal seria, Francia corre el riesgo de ser “estrangulada gradualmente” por el aumento de las tasas de interés. Esa frase ha circulado ampliamente en los medios financieros porque captura un temor simple: cuando la deuda es grande, incluso un aumento modesto de los costos de endeudamiento se multiplica rápidamente.
Una cifra que los operadores siguen de cerca es el diferencial entre los bonos franceses y alemanes a 10 años, un indicador de la prima de riesgo adicional que exigen los inversores para mantener deuda francesa en lugar de alemana. Ese diferencial se amplió 32 puntos básicos la semana pasada hasta 141 puntos básicos. Un diferencial más amplio indica que los mercados ven a Francia como un prestatario más riesgoso que su vecino, una inversión de la relación que muchos inversores habían dado por sentada durante mucho tiempo.
Mientras tanto, los mercados bursátiles europeos cerraron en general al alza, con ganancias en Londres, Fráncfort, París y Milán. Pero la calma en las acciones enmascara la tensión en los mercados de bonos, donde el costo del endeudamiento público acaba repercutiendo en las hipotecas, los préstamos corporativos y el gasto público. Los analistas señalan que los funcionarios europeos tienen un margen de maniobra limitado: la política monetaria está fijada para todo el bloque de la moneda, no solo para Francia.
La historia importa mucho más allá de Europa. Francia es la segunda economía más grande de la eurozona, y su deuda está en manos de bancos, fondos de pensiones y aseguradoras de todo el mundo. Si los inversores empiezan a exigir una prima duradera para mantener bonos franceses, los efectos podrían propagarse por las carteras globales y revivir los recuerdos de la crisis de la eurozona de hace más de una década. Por ahora, la mayoría de los economistas describe la situación como una advertencia más que una repetición de aquel episodio, pero siguen de cerca el diferencial, el euro y el debate presupuestario.
Lo que ocurra a continuación depende en gran medida de la política y de las decisiones de política económica que se desarrollarán en los próximos meses. La lección inmediata para los inversores globales es que incluso los gobiernos ricos y con alta calificación crediticia no son inmunes a la aritmética de la deuda y las tasas de interés. El desafío de Francia es un recordatorio de que la credibilidad fiscal, una vez cuestionada, puede ser costosa de reconstruir.