Siete años sin moverse: la salamandra de cueva que nunca abandona su hogar

¿Qué haría un animal si la comida y el agua estuvieran siempre al alcance de su nido? Una pregunta publicada en Zhihu, una plataforma china de preguntas y respuestas, recibió una respuesta que lleva años circulando: el olm, una salamandra ciega y pálida que habita los sistemas de cuevas de los Alpes Dináricos, en el sur de Europa, podría ser el animal más hogareño del reino animal.
Según una investigación de enero de 2020 citada en esa respuesta, un olm salvaje permaneció dentro de un área tan pequeña que su movimiento se describió como prácticamente nulo durante 2.569 días. Eso equivale a unos siete años y dos semanas. El animal no se alejó, no cambió de lugar y, al parecer, no le vio el sentido.
El olm, conocido por los científicos como Proteus anguinus y llamado a veces pez humano por su piel de color rosa pálido, está hecho para esta vida. Es ciego, pues perdió los ojos tras generaciones bajo tierra, y se guía por el olfato, el gusto y la sensibilidad a las vibraciones del agua. Respira mediante branquias externas que parecen pequeñas plumas rosadas. Vive en cuevas de piedra caliza frías y oscuras, donde la comida llega rara vez y de forma impredecible.
Esa escasez explica la inmovilidad. Los olms son famosos por su extrema lentitud: pueden pasar años sin comer, y su metabolismo funciona a una fracción del ritmo de los anfibios de superficie. Moverse cuesta energía, y la energía es justo lo que una cueva no garantiza. El animal que más espera suele ser el que sobrevive.
La respuesta de Zhihu forma parte de un género más amplio en la plataforma, donde los lectores plantean preguntas científicas abiertas y reciben respuestas extensas y llenas de citas de aficionados e investigadores. El olm se ha convertido en un ejemplo favorito de animal que convierte la frase no salgas de casa en una estrategia de supervivencia y no en un defecto de carácter.
La historia tiene también una cara práctica. Los animales de cueva figuran entre las criaturas más vulnerables de la Tierra, porque sus hábitats son pequeños, aislados y fácilmente alterados por la contaminación del agua, la extracción de piedra o los cambios en los flujos subterráneos. Una especie que tarda años en advertir un cambio también puede tardar años en recuperarse de él.
Para los lectores alejados de cualquier cueva de piedra caliza, el olm sigue siendo un experimento mental útil. El confort y la abundancia no siempre producen movimiento; a veces producen una criatura perfectamente adaptada a quedarse justo donde está. La pregunta que abrió el hilo tiene respuesta después de todo: si la comida y el agua están siempre cerca del nido, algunos animales sencillamente nunca se van, y el olm ha convertido eso en un arte.