La próxima batalla de los teléfonos con IA: quién es dueño de la pantalla que abres primero

Durante cincuenta años, cada generación de campeones de la telefonía creyó haber alcanzado la meta. La era del smartphone hizo que eso pareciera permanentemente cierto, hasta que la inteligencia artificial convirtió el dispositivo en tu bolsillo en territorio en disputa. En China, la lucha ya no se trata del tamaño de la pantalla ni de los megapíxeles de la cámara. Se trata de qué asistente de IA de qué empresa te saluda cuando desbloqueas el teléfono, porque ese saludo se está convirtiendo en la puerta de acceso a las búsquedas, las compras, los mapas y los pagos.
Los contendientes han adoptado personalidades bien diferenciadas. Huawei apuesta por la profundidad, integrando la IA en sus propios chips y sistema operativo para que el asistente funcione en estrecha colaboración con el hardware y nunca salga del dispositivo para tareas sencillas. Alibaba apuesta por la amplitud, apoyándose en su enorme infraestructura en la nube y sus extensas plataformas de consumo para que su asistente pueda responder casi cualquier cosa accediendo a servicios que los usuarios ya conocen. ByteDance apuesta por la precisión, entrenando modelos con el comportamiento en videos cortos que entiende mejor que nadie, convencida de que la relevancia supera a la escala bruta. Tencent apuesta por la astucia, incorporando discretamente la IA dentro de WeChat, la aplicación de mensajería que ya alberga mil millones de hábitos diarios, para que los usuarios nunca necesiten abrir un asistente aparte.
Cada enfoque refleja una teoría distinta sobre dónde se acumula el valor. Si el asistente vive dentro del sistema operativo, el fabricante del teléfono controla la relación. Si vive en la nube, lo hace el proveedor de infraestructura. Si vive dentro de una superapp, lo hace la plataforma dueña de la comunicación diaria. Y si vive en un feed de contenido, quien retiene la atención retiene el punto de entrada. Los analistas del sector describen esto como la nueva guerra de las puertas de acceso, una contienda por el primer toque del día.
Lo que está en juego trasciende China. Los fabricantes chinos de teléfonos envían cientos de millones de dispositivos a todo el Sudeste Asiático, África, América Latina y Europa cada año. La estrategia de asistente que mejor viaje con esos terminales moldeará cómo una gran parte de los próximos mil millones de usuarios de internet del mundo experimentará por primera vez la inteligencia artificial, a menudo antes de haber usado jamás una computadora de escritorio.
Hay obstáculos. Los reguladores de varios mercados están examinando los acuerdos de aplicaciones predeterminadas, y los usuarios han demostrado que abandonarán un asistente que se sienta intrusivo o lento. La duración de la batería sigue siendo una restricción severa: ejecutar modelos grandes en un teléfono consume energía rápidamente, y por eso la apuesta de Huawei por el procesamiento en el dispositivo y la de Alibaba por la nube son filosofías de ingeniería genuinamente distintas, no simples eslóganes de marketing.
Los consumidores, por ahora, son los beneficiarios. La competencia ha llevado el reconocimiento de voz, la edición de fotos, la traducción en tiempo real y el resumen de llamadas a teléfonos de gama media que cuestan una fracción de un buque insignia. Funciones que eran premium hace dos años ahora aparecen en modelos económicos que se venden en ciudades de provincias.
La pregunta más profunda es si alguna empresa puede ser dueña de la puerta de acceso. Los usuarios chinos suelen alternar varias aplicaciones para mensajería, pagos, video y compras, y cambian de asistente con la misma naturalidad con que cambian de teclado. Esa fragmentación puede ser el mayor freno para cualquier ganador único, y la razón por la que esta carrera podría durar otra década. La meta, como siempre, sigue moviéndose.