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Por qué los padres chinos todavía acompañan a sus hijos de quinto grado a la escuela

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Por qué los padres chinos todavía acompañan a sus hijos de quinto grado a la escuela

Una sola pregunta publicada esta semana en un popular foro chino ha recibido miles de respuestas: ¿por qué tantos padres todavía acompañan a sus hijos de cuarto y quinto grado a la escuela, cuando los niños parecen tener edad suficiente para hacer el trayecto solos? El autor del mensaje recordó que él iba solo a la escuela desde tercer grado, a menudo se encontraba con vecinos en el camino y jugaba al aire libre de regreso a casa. Señaló que ahora algunos padres se agolpan tanto en las puertas de las escuelas que la acera desaparece.

Ese recuerdo de una infancia sin supervisión es común entre los adultos chinos que crecieron en las décadas de 1980 y 1990, cuando el tráfico era más ligero y la mayoría de las familias vivía cerca de la escuela de su barrio. Muchos comentaristas dijeron que simplemente caminaban, iban en bicicleta o tomaban el autobús, y que la experiencia les enseñó a leer las calles, resolver pequeños problemas y cuidar de los niños más pequeños.

Los padres que hacen fila frente a las puertas cada tarde cuentan una historia diferente. Las ciudades han crecido mucho más, y una familia puede vivir ahora a varios kilómetros de la escuela a la que asiste su hijo. Las vías principales soportan un tráfico intenso, los patinetes eléctricos se cuelan por las aceras y la hora punta puede convertir un paseo corto en un peligro real. Para muchos padres trabajadores, el trayecto es también el único tiempo garantizado que pasan con su hijo en un día laborable.

Los temores por la seguridad van más allá del tráfico. Los rumores de secuestro de niños se propagan rápidamente por los grupos de chat de padres, incluso cuando esos casos son raros, y una sola historia aterradora puede moldear los hábitos de todo un vecindario. Los abuelos suelen encargarse de recoger a los niños mientras ambos padres trabajan, y una rutina fija da a las familias un punto de entrega confiable en lugar de dejar al niño esperando solo.

Los comentaristas también señalaron que los horarios escolares rara vez coinciden con los horarios de oficina. Las clases pueden terminar a media tarde, mucho antes de que terminen la mayoría de los trabajos, así que alguien tiene que estar en la puerta. Algunas escuelas exigen la firma de un padre o tutor al recoger a los niños, y unas pocas restringen que los alumnos más pequeños salgan sin acompañamiento. La independencia, en otras palabras, no es puramente una decisión familiar.

El debate no es exclusivo de China. Los padres en Japón, Corea del Sur y muchas ciudades occidentales discuten el mismo dilema, y la tradición japonesa de que los niños pequeños viajen en grupo se cita a menudo como el ideal. Las familias chinas practican una versión de esto: los autobuses escolares a pie, en los que los padres se turnan para acompañar a un grupo de niños por una ruta fija, han aparecido en varias ciudades y se elogian con frecuencia en el hilo.

Quienes defienden la costumbre actual dicen que la independencia puede construirse en pasos más pequeños. Un niño podría caminar solo la última cuadra, llevar un teléfono o viajar con un compañero de clase mientras un padre sigue a distancia. Varios comentaristas describieron dejar que los niños usen el transporte público a partir de los diez años, con una aplicación de ubicación compartida como red de seguridad en lugar de correa.

Lo que surge de la discusión no es tanto un veredicto sobre la crianza como un retrato de cómo ha cambiado la infancia urbana. Desplazamientos más largos, calles más concurridas, familias más pequeñas y jornadas laborales más extensas han empujado a los padres hacia la puerta de la escuela. Si eso hace que los niños sean menos capaces o simplemente estén mejor protegidos depende de a quién se le pregunte, pero pocas de las miles de respuestas sugieren que la cuestión se resolverá pronto.

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