El corredor chino Zhao Liang muere a los 43 años pese a su hábito de correr a diario
Zhao Liang, conocido por sus amigos y compañeros corredores como “A-Liang”, era una figura familiar en el circuito de running aficionado de Liaoning. Publicaba sus carreras diarias en redes sociales, acudía a los entrenamientos grupales y aparecía en innumerables fotos de grupo con clubes de running locales. El 18 de septiembre de 2026, la noticia de su muerte se extendió por esos mismos círculos. Tenía 43 años.
La noticia surgió primero entre un puñado de corredores de Liaoning que compartieron fotos antiguas y breves homenajes. “Descanse en paz” fue casi lo único que la mayoría pudo expresar. Para una comunidad que mide la vida en kilómetros acumulados y marcas personales superadas, la repentina pérdida de un hombre que corría todos los días fue un golpe especialmente duro.
La historia de Zhao no es inusual en la floreciente cultura del running de larga distancia en China. Durante la última década, los maratones y las carreras en ruta se han multiplicado por todo el país, y millones de ciudadanos comunes han adoptado el running como forma de gestionar el estrés, perder peso y recuperar su salud. Las redes sociales se llenan de registros de carreras matutinas, recuentos de pasos y medallas de competición. Correr se ha convertido a la vez en un hábito de fitness y en una identidad social.
Ese entusiasmo tiene otra cara. Los cardiólogos llevan mucho tiempo advirtiendo de que el ejercicio regular, aunque es enormemente beneficioso, no vuelve a nadie invulnerable a las afecciones cardíacas. Algunos riesgos cardíacos —incluidas ciertas arritmias hereditarias, la miocarditis y las anomalías estructurales— pueden pasar desapercibidos durante años. En casos raros, la actividad de resistencia intensa puede desencadenar episodios en personas que ya portan factores de riesgo ocultos. La imagen del corredor en plena forma que se desploma a mitad de un trote es poco común, pero no inaudita.
La muerte de Zhao provocó una oleada de reflexión en las comunidades de running chinas. Algunos corredores se preguntaron si deberían someterse a pruebas cardíacas antes de inscribirse en otro maratón. Otros debatieron si es prudente correr a diario sin días de descanso. Unos pocos señalaron que los monitores de actividad y los relojes inteligentes, aunque útiles, no pueden sustituir a un reconocimiento médico adecuado.
Los médicos citados en los medios sanitarios chinos suelen recomendar que los adultos mayores de 35 años, especialmente quienes entrenan con intensidad, se planteen una evaluación cardíaca básica: un electrocardiograma, posiblemente un ecocardiograma y una conversación sobre los antecedentes familiares. Señales de advertencia como opresión en el pecho, falta de aire inusual, palpitaciones o desmayos durante el ejercicio nunca deberían descartarse como simple fatiga.
Nada de esto significa que correr sea peligroso. Los grandes estudios vinculan de forma consistente el ejercicio moderado regular con vidas más largas y saludables. La lección es más matizada: estar en forma no es lo mismo que ser inmune, y los hábitos que parecen virtuosos pueden coexistir con un riesgo médico inadvertido. Zhao corría todos los días, y esa disciplina era real. Lo que no podía hacer era garantizar lo que ningún entrenamiento puede garantizar jamás.
Por ahora, a sus amigos de Liaoning les quedan las fotografías, los recuerdos de carreras y un duro recordatorio de que incluso los corredores más comprometidos siguen siendo humanos. La conversación que su muerte inició —sobre los cribados, sobre el descanso, sobre escuchar al propio cuerpo— puede acabar siendo su contribución más duradera al deporte que amaba.