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La apuesta de Tesla por el robotaxi se topa con el creciente escepticismo en Estados Unidos

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La apuesta de Tesla por el robotaxi se topa con el creciente escepticismo en Estados Unidos

El Cybercab de Tesla ha comenzado a cobrar a los pasajeros en Austin, Texas, lo que marca un hito significativo en la visión del robotaxi que la compañía lleva mucho tiempo prometiendo. Según los datos de registro de principios de septiembre, Tesla ha registrado 420 vehículos autónomos en Texas, de los cuales 45 son Cybercabs y el resto son Model Y. El servicio opera actualmente solo en áreas selectas de Austin, un comienzo modesto para una empresa que ha apostado su futuro a la autonomía.

El Cybercab, un vehículo de dos puertas sin volante ni pedales, representa la apuesta más radical de Tesla hasta la fecha. Pero el camino hacia la viabilidad comercial es empinado. La empresa debe navegar por un mosaico de regulaciones estatales y federales, demostrar la seguridad de su software de Conducción Autónoma Total y convencer a un público que se ha vuelto receloso de la automatización tras accidentes de alto perfil con otros vehículos autónomos. El bajo costo es solo el primer obstáculo; la confianza es el segundo.

Mientras Tesla acapara los titulares en Estados Unidos, el sector chino de la conducción autónoma avanza por una vía diferente. Empresas como Apollo Go de Baidu y Pony.ai llevan varios años operando servicios de robotaxi en ciudades chinas como Wuhan, Pekín y Cantón, acumulando millones de kilómetros de datos del mundo real. El enfoque chino ha sido más gradual, a menudo asociándose con gobiernos locales y flotas de taxis existentes en lugar de desplegar una flota totalmente sin conductor de la noche a la mañana.

El contraste refleja diferencias más profundas de estrategia. Tesla se basa en un sistema solo de cámaras y una enorme flota de vehículos de consumo para entrenar sus redes neuronales, apostando a que la escala resolverá la autonomía. Las empresas chinas suelen combinar cámaras, lidar y mapas de alta definición, y operan en áreas geocercadas con un amplio apoyo gubernamental. Ambos enfoques tienen mérito, pero ninguno ha entregado aún un negocio de robotaxi rentable a escala.

La aprobación regulatoria sigue siendo un factor crítico. En Estados Unidos, la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras ha abierto investigaciones sobre los sistemas Autopilot y FSD de Tesla tras accidentes mortales. En China, los reguladores han sido cautelosos pero favorables, emitiendo permisos para programas piloto mientras endurecen las normas sobre seguridad de datos y cartografía. El resultado es un panorama global fragmentado en el que ningún actor puede reclamar el dominio.

Para los lectores globales, la carrera del robotaxi es más que una historia tecnológica. Toca la planificación urbana, los mercados laborales y el futuro del transporte público. Si los robotaxis triunfan, podrían reducir el número de automóviles de propiedad privada, disminuir las emisiones y hacer la movilidad más accesible para las personas mayores y con discapacidad. Si fracasan, podrían convertirse en una advertencia sobre las promesas excesivas y los resultados insuficientes.

Lo que está claro es que los próximos 12 a 18 meses serán decisivos. El despliegue del Cybercab de Tesla en Austin será observado de cerca, no solo por los inversores, sino también por los reguladores y los fabricantes de automóviles rivales de todo el mundo. Las empresas chinas seguirán ampliando sus zonas piloto, poniendo a prueba los límites de la aceptación pública y la fiabilidad técnica. El ganador, si lo hay, probablemente será la empresa que mejor equilibre la innovación con la seguridad y la confianza del público.

Por ahora, el robotaxi sigue siendo un trabajo en curso: la promesa de un futuro sin conductor que se acerca poco a poco, una manzana de la ciudad a la vez.